lunes, 1 de agosto de 2011

No lo sé

            Los latidos de mi corazón disminuyen.. el flujo de mi respiración se ralentiza de a poco. Los músculos parecen estirarse, y apagarse como televisor luego de que mis huesos rechinen por última vez hoy.
      Me hundo. Mi cuerpo comparte la misma temperatura con su entorno.. Mis pensamientos ahogados en un mar de voces telefónicas que resuenan y hacen eco entre las paredes de mi cráneo, se focalizan de pronto, para conseguir una única imagen reflejada por un ápice de luz en toda esa tenebrosa oscuridad. Solo se alcanza a ver una mirada que se asoma entre cabellos bronceados y una sonrisa, que después de encandilarme me contagia.. Ahora sonrió con ella.
     Es increíble como por un momento creo en la existencia de un alma.. como a muchos me cuesta creer en lo que no veo, pero las sensaciones y sentimientos a veces nos dan la respuesta a muchas preguntas que nuestros ojos no pueden descifrar por sí mismos.
Solo un rose.. sentir que en este invierno sus manos desnudas le transmiten frío a las mías, pero calor a mis emociones. Son mejor que cualquier fogata creada por la física o abrigo de la química.
Sentir.. cuesta creer en eso. Pero en solo un instante la combinación del tacto, mirada, sonrisa,  momento indicado, y otras cosas cuyas definiciones no encuentro en el lenguaje de la Real Academia Española, me entregan un fenomenal accidente, potencial merecido acreedor de un premio Novel si su naturaleza pudiera ser expuesta al mundo científico de la misma manera que a mí en ese entonces.
      Indescriptible sensación. Nunca introduje mis dedos en un enchufe, pero debe ser parecido a esto. Como si el universo estuviera dividido en dos dimensiones que transcurren de manera paralela, como si fuéramos bizcos y hubieran encendidas dos pantallas frente a nosotros de manera simultánea. Una es mi cuerpo, mis 5 sentidos, mi voz, mis pensamientos, y la otra dimensión casi nunca la tengo presente, solo en algunos momentos como ese. Pero, no por ser bizcos podemos ver a ambos lados a la vez manteniendo ambos ojos abiertos.
       Esa vez, es como si hubiera cerrado uno de los ojos y percibiera a la segunda dimensión, no había luz pero veía como una masa de energía que desde mis manos iban hasta el pecho, luego subían y bajaban y lograban mover al opaco espectro que me atrevo a definir como alma, hasta que se combinaba con esta última, haciendo que cambie de color, para ahora brillar intensamente.

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