domingo, 6 de mayo de 2012

El tiempo usualmente por aquí


         Allí parado, zapatos de cuero en punta, jeans celestes clásicos, camisa a cuadros, campera de cuero y con esa bufanda teñida del color del próximo invierno, solo sintiendo el vacío atérmico que dejó la última brisa otoñal echada del lugar por la persona de medio tiempo. Otra mujer a la moda me acompaña y al otro rincón se acoge un joven, a ambos les comento algunos de mis secretos con susurros que navegan con las aireadas de la entrada y salida de la multitud.
Miles entran y salen sin notar mi existencia, simplemente se dejan llevar por lo que la luz refleja en la superficialidad de mis prendas, aunque simulan mirarme, me señalan, se acercan, solo hablan consigo mismos sin más interés que preguntarse si algo de lo que poseo les serviría. Muchos entran y salen, el tiempo pasa y usualmente te veo por aquí.
Recuerdo aquel día en que entraste, hasta puedo revivirlo despojándome del sentido de aquí y ahora  con solo dejar de prestar atención a mi vista. Venías bailando de una fiesta de disfraces y estabas sonriendo persistente,  imposible no darme cuenta que eras diferente, sobre todo cuando te acercaste, me miraste a los ojos y me hiciste sentir el mejor bailarín aunque lo único que hacía era observarte, hablaste con alguien del mostrador mientras acababas tu desayuno y te fuiste. Recuerdo que por un momento intente moverme para abrirte la puerta olvidando todo sobre mi mismo.  
El tiempo pasa y usualmente te veo por aquí. No sé por qué escogiste mi tienda o tal vez el destino quería que de a temporadas el sol iluminara la sala usando tus ojos y tus ocasionales  lentes como puente, que los jazmines perfumaran el ambiente con ese aroma infiltrado en tu cabello o simplemente ensuciar la acera con las cenizas que parecen fabricar tus rojos labios antes de entrar. No lo sé, pero el tiempo pasa y usualmente te veo por aquí. Alegre, sincera y vívida tomabas todo lo de tu alrededor y lo convertías en una herramienta de diversión, te probabas, presumías frente a mí y volvías a guardar. Cada tanto te anteponías a mí, jugábamos tratándome del hombre que sería perfecto si se hiciera real y de lo que nos haríamos si esa magia cobrara vida. Lujuriosos admiradores mutuos, consumidores  de notas musicales inventadas sobre un pentagrama  hecho de sueños. Bailarines sobre nubes de expectativas que el viento desarma a diario. Sensuales y paradisíacos cantantes de lo que nos gustaba escuchar.  De a poco sentía que aflojábamos el yeso del que estoy hecho, lo movíamos, amasábamos, deformábamos como plastilina y volvíamos a armar. Actores intactos de duda que decidían vivir en su escenografía montada en aventura.
A pesar de mi abrigo el frío es lo único que circulaba en mi ser, pero el calor de tu aliento me empañaba, tus manos hurgaban la caricia de mis texturas y tus labios me manchaban de la pasión impregnada en ese rojo.  El frio comienza a cambiar de color. Sentía como si mis prendas fueran un impedimento para respirar calor, y sentir tu voz era lo único que me mantenía despierto en este sueño. Serios apostadores de su ludopatía.
El tiempo pasa y usualmente te veo por aquí. Entraste nuevamente con tu pullover negro y limpiaste tus botas en la entrada, hiciste que me quitaran un chaleco, lo envolvieran y decoraran. Sonreías pero esta vez no a mí y saliste corriendo. Te seguí viendo por la vidriera corriste a besar a un hombre de carne y hueso y le entregaste mi chaleco. Un tiempo después viniste acompañada por este hombre, a quien también reconozco, pues es uno de los miles.
Es temporada de verano, no sé si mi cuerpo es de yeso o cenizas de un fuego que se intentó apagar con olvido, pero ahora esta rajado por el frío. Te veo, no vienes a mí, pues él lo hace por ti. No entiendo por qué, intento preguntar pero no me muevo, no entiendo por qué pero el tiempo pasa y usualmente te veo por aquí.

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